Inteligencia emocional en la biblioteca académica

Por: Geidy Díaz de Recinos, UMG


Las bibliotecas como recurso de apoyo a los procesos de formación educativa, no están exentas de la incidencia y el rol de la inteligencia emocional; Por el contrario, en toda su dimensión o valor implícito regulan controlan y optimizan elementos esenciales para la formación académica a través de los recursos disponibles para el desarrollo del aprendizaje y la investigación. Además, facilita el acceso para la difusión de los recursos de información, colabora en la de creación del conocimiento y en la evolución e integración de escenarios tecnológicos, culturales, científicos educativos, accionando productos, servicios y proyectos que han sabido hacer evolucionar los servicios tradicionales y cabalgar en la tecnología; impactos cambiantes, con gran trascendencia emocional en la brecha digital.

Una dinámica constante de su praxis en la autorregulación, confiabilidad rendimiento, motivación optimismo y satisfacción de servicio, ha sido la teoría de “El valor de las tres I: iniciativa, inventiva e inteligencia.” (Sanchez, 2008) medios que permiten la puesta en común de un plan estratégico, una cooperación inter bibliotecaria, desarrollo de la eficiencia y eficacia de los recursos, la mejora de la calidad, diversas actividades, gestión de nuevos servicios, la implementación de herramientas investigativas formando una relación con la teoría de la inteligencia para la obtención de la habilidad y capacidad para comunicar externa e internamente; conectando las emociones para gestionar, auto motivar frenar los impulsos y vencer las frustraciones. Esto se logra a través del conocimiento y la práctica de la inteligencia emocional en la conciencia individual y social, de todo pensante con uso de razón. (Goleman, 2012).

La psicología en las últimas décadas determina que las personas con inteligencia emocional son proactivas, productivas y exitosas tanto personal como profesionalmente, se recuperan más rápido de las adversidades, gozan de mejor salud y poseen mayor esperanza de vida, cada individuo posee un 80% de habilidades emocionales y otros factores circunstanciales. Según: (Meza, 2007) De manera que el aspecto modular de la mente humana permite en cada individuo desarrollar siete inteligencias básicas, conocidas como: La lógica matemática, Inteligencia lingüística, la espacial, la musical, la intrapersonal e interpersonal y la cenestésica; enfoque esencial para que las bibliotecas académicas proyecten líneas claras de acción en el manejo de los recursos, la interacción e investigación por medio de sus componentes, desafíos e innovaciones considerando que las personas y los recursos son lo más importante en la modalidad de su funcionamiento.

Otros elementos coadyuvantes relacionados son: la autoconciencia emocional que capacitar al ente humano para entender lo que se siente y complementarlo con los valores. La auto motivación, habilidad indispensable para focalizar recursos, metas, constancia creatividad, optimismo, confianza para conquistar logros y triunfos; que con la realidad emocional de cada uno conquistaríamos el mundo pues los gestos, el tono de voz, las expresiones y las posturas son acciones empáticas que captan la atención dentro del servicio a los usuarios estableciendo vínculos afectivos y socializadores de identificación; las personas empáticas tienen mayores habilidades y competencias relacionadas con la inteligencia emocional. Además, es importante reconocer el papel de las habilidades sociales, factor primordial para la comunicación con los demás; que permite hacer el siguiente cuestionamiento: ¿cómo te relacionas con los demás? ¿Te comunicas con efectividad y de modo asertivo? ¿Sabes manejar los conflictos o las diferencias? dinámicas comportamentales que potencian o limitan nuestra capacidad para disfrutar o no de las relaciones tanto labores como personales y construir entornos sanos, cómodos, competentes y productivos. Ante las respuestas, no vale dominar una o tres, sino que la persona emocionalmente inteligente es eficaz y potencia todas ellas. (Goleman, 2012) De manera que dentro del servicio o la comunicación con usuarios el bibliotecario debe estar conectado con la inteligencia emocional y actuar con eficacia y capacidad de responder adecuadamente a los estados de ánimo, temperamentos, motivaciones y deseos de las personas en el ámbito con la amplitud de lenguaje emocional. (Nunca exprese: “estoy triste o molesto”, hay que ser más concreto. “Estoy triste porque me siento decepcionado, enfadado y confuso a la vez”). Otra recomendación, antes de actuar, piense; controle su comportamiento, no busque un por qué a las acciones de los demás, sea capaz de entender las perspectivas y los mundos emocionales ajenos; exprese sus emociones de forma asertiva. Mejore las habilidades sociales; cuando aprenda y ponga en práctica la auto motivación y luche por esos objetivos entonces, sus emociones son auténticas. (Sabater, 2017)

En conclusión, la inteligencia emocional está ínfimamente ligada con la labor de la biblioteca académica no solo por los impactos cambiantes provocados por los recursos tecnológicos, sino por el rendimiento, la motivación el optimismo y la satisfacción ante la gestión y atención a usuarios, al proporcionar diversos conocimientos respondiendo de manera adecuada ante los estados de ánimo, temperamentos o deseos de las personas.

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